Cuando Mamma Mia nos contactó, llevaban más de diez años haciendo pizza artesanal en Daganzo de Arriba. Horno de piedra, masa propia cada día, ingredientes frescos. Una de esas pizzerías de barrio que la gente recomienda de boca en boca.
El problema no era la pizza. El problema era que su presencia digital no hacía justicia a lo que ofrecían.
Lo que tenían antes
Una página de Facebook con la carta en PDF. Sí, en PDF. El cliente que quería saber qué pizzas tenían disponibles tenía que descargar un archivo de cuatro páginas, abrirlo, hacer zoom en el móvil y rezar para que los precios siguieran siendo los mismos.
Cuando llegaban novedades o cambiaban los precios, alguien tenía que editar el PDF, exportarlo y volver a subirlo. No siempre ocurría a tiempo.
Las reservas iban por teléfono, lo que significaba que fuera del horario de apertura, cualquier persona interesada en reservar mesa se llevaba el contestador.
Ciento veinte reservas en el primer mes después del lanzamiento. Ese fue el resultado. Pero llegar ahí fue más complicado de lo que esperábamos.
El problema real: la carta era enorme
Mamma Mia tiene una carta extensa. Solo en pizzas hay más de veinte referencias, en dos tamaños cada una con precios distintos: mediana y súper. Luego pasta, ensaladas, complementos, postres, bebidas y extras.
Además, tienen ofertas fijas por días: los miércoles todas las medianas a 10€ y las súper a 15€ (con excepciones para las especiales), y los domingos la segunda pizza mediana al 50%. Estas promociones tienen sus propias exclusiones, sus propios precios alternativos, su propia lógica.
Traducir todo eso a una web que se vea bien en móvil, que sea fácil de mantener y que no confunda al usuario fue el reto principal del proyecto.
Las decisiones que tomamos
Categorías con filtro visual. En lugar de mostrar toda la carta de golpe, creamos un sistema de pestañas: Pizzas, Pasta, Ensaladas, Complementos, Postres, Bebidas, Extras. El usuario ve solo lo que le interesa. En móvil, donde se consulta la carta casi siempre, esto es la diferencia entre entender la oferta y abandonar la página.
Precios dobles sin liar. Mostrar mediana y súper en la misma tarjeta sin que parezca un Excel fue uno de los retos de diseño. Optamos por un formato limpio: el nombre, los ingredientes, y los dos precios en la misma línea separados por una barra. Simple y escaneable.
Las novedades, destacadas. Tenían tres pizzas nuevas en carta: Del Monte, Salmone di Mare y Sensazione. En el PDF antiguo se perdían entre las demás. En la web las marcamos con una etiqueta de novedad y las colocamos al final de la sección de pizzas. La Sensazione, con queso azul, jamón serrano, miel y nueces, empezó a pedirse sin que nadie la hubiera promocionado activamente.
Las ofertas, en su propia sección. Las promociones de miércoles y domingo merecían visibilidad propia, no un párrafo al pie de la carta. Creamos una sección específica con las condiciones claras, los precios destacados y las exclusiones visibles. Menos llamadas preguntando “¿esto incluye la BBQ Crunch?”
Reservas directas. El botón de llamar siempre estará, pero añadimos la opción de reservar fuera del horario de apertura. Sin formularios de diez campos: nombre, número de personas, fecha y hora. En cuatro toques desde el móvil.
Lo que no anticipamos
El mantenimiento iba a ser constante. No porque la web fallara, sino porque la carta de Mamma Mia vive. Precios que se ajustan, ingredientes que cambian según temporada, novedades que entran y otras que salen. En el mundo del papel o del PDF, ese dinamismo se ignoraba. En la web, cada cambio tiene que reflejarse.
Preparamos al cliente para gestionarlo él mismo: un sistema de edición sencillo donde actualizar un precio o añadir una pizza no requiere tocar código. Eso fue tan importante como el diseño.
El número que importa
Ciento veinte reservas el primer mes. No llegaron solas: la web apareció en búsquedas locales de “pizzería Daganzo” y “pizza artesanal Madrid norte” que antes ni existían. El perfil de Google Business se actualizó con el horario real (martes a domingo, lunes cerrado), fotos del local y la terraza, y respuestas a las reseñas.
El boca a boca seguía funcionando, pero ahora cuando alguien buscaba confirmación antes de ir, la encontraba. Y cuando quería reservar a las once de la noche del sábado, podía hacerlo.
Si tu negocio tiene una carta, un menú o un catálogo que vive en un PDF o en una imagen de Instagram, cuéntanos cómo lo gestionas. Hay una forma mejor.
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